Es muy habitual, cuando algo nos sale mal, decir que "mejor me habría quedado en casa, metida en la cama". Eso sería muy fácil decirlo ahora, a posteriori, con la experiencia de haber vivido lo acontecido durante el pasado fin de semana en el Maratón de Valencia. El trabajo desarrollado durante los últimos meses, las últimas semanas, indicaba que todo estaba bien, que el camino elegido era el correcto y que el objetivo de finalizar el maratón en 2h34´ estaba al alcance de la mano... o de las piernas ... o de la cabeza, pues ya sabemos que un maratón es muy exigente y hay que poner todos los ingredientes para que la receta salga a pedir de boca.
Como habréis podido ir observando tras la lectura de las entradas anteriores, las sensaciones eran buenas, la motivación alta, el trabajo adecuado. Sólo faltaba que el día de la prueba, el Día D, todo saliera según lo previsto. La lluvia de los días anteriores obligaba a estar muy pendientes del cielo, de las previsiones meteorológicas. Un maratón es muy duro como para que la meteorología, para colmo, ponga su granito de arena para complicarlo un poquito más. Durante el calentamiento las sensaciones no eran buenas, no me sentía cómoda, a gusto. Si bien durante un maratón da tiempo a pasar por muchos estados y es posible ir adquiriendo el tono y el ritmo adecuado de cara a correr en la senda de conseguir el crono deseado, también es cierto que comienzas a darle vueltas a la cabeza y a pensar en las posibilidad de que no vas a tener el día. El hecho de que la temperatura elevada contribuyera a evaporar el agua acumulada en el asfalto hizo que la humedad, en torno al 92%, hiciera de las suyas, o al menos así lo estimo yo viéndolo ahora, a posteriori. Creo que me afectó mucho aunque, desde luego, no fui la única.

Para colmo, se dio la paradoja de producirse una salida nula. Sí, sí, en un maratón. Una típica traca, tan habitual en tierras valencianas, confundió a los corredores y se salió en estampida, debiendo parar durante unos diez minutos antes de que se pudiera dar la salida real y efectiva.
Ya durante el primer kilómetro se ratificaron mis sensaciones de no ir bien, tenía la percepción de haberme quedado fría, de necesitar más activación. Aunque tenía la esperanza de que con el paso de los kilómetros la cosa mejoraría, cada parcial no hacía más que hacerme ver que estaba en un error, que se iba el crono, que no podía "pillar el ritmo". Si mi idea era pasar el medio maratón en algo menos de 1h17´30´´ para ir más rápido desde el km. 25, el ecuador de la prueba el crono arrojaba 1h18´50´´, lo que me provocó una especia de agobio por la posibilidad de que todo el trabajo se fuera al garete y nos alejáramos del tiempo-objetivo. Afortunadamente, poder contar con mi amigo y liebre Modesto Álvarez me ayudó bastante a no caer en el desánimo y a sucumbir a la fragilidad de mis piernas, que me decían que no podía correr más. Finalmente acabé 10ª de la general y 2ª española con una marca de 2h40´55´´.
Este era un maratón especial y tenía que demostrarle a la distancia de Filipides que podía con él, que no podía tirar todo el trabajo por la borda, y no sólo el mío, sino el de todas las personas que colaboran conmigo y me apoyan. Aunque en esta ocasión siento que padecí del trompazo contra el muro, también siento que haber rebasado la línea de meta me ayudará, me enseñará y en un futuro más o menos cercano lo recordaré como un triunfo, no sólo de la mente, sino también del cuerpo por haber sido capaz de dar zancada tras zancada, de ir dejando atrás metro a metro, kilómetro a kilómetro hasta dejar atrás un recorrido que tantos miles de corredores en el mundo desean ser capaces algún día de concluir.

Hoy más de uno me ha dicho que estamos locos los atletas de largo aliento, y tal vez exista algo de cierto en ello. Lo digo porque, incluso teniendo problemas para bajar y subir escaleras, doliéndome todo, ya estoy pensando en la próxima ocasión, no sólo para ponerme un dorsal, presumiblemente en una carrera de campo a través, sino también, y sobre todo, en un maratón. Ahora bien, es momento de reposar, de recuperar cuerpo, mente, músculos, ideas, fibras, sueños, articulaciones.
Por supuesto, ya os iré contando a todos vosotros, que me seguís, que me apoyáis, que me dáis motivos para ser capaz de sufrir un poquito más, de llegar un poquito más lejos...Volveré ...